28 de junio de 2017

Historias para un libro que nunca escribire - Capitulo 1: "Padre"

Tengo cinco años, es una mañana soleada de un fin de semana y se acerca el mediodía, yo estoy en mi habitación. Hace pocos minutos que me desperté y me puse a jugar con mis juguetes, escucho voces de lejos y cada vez se oyen más fuerte. Salgo de mi habitación queriendo ir al patio por la puerta de atrás. Las voces ya son gritos y el grito viene solamente de una persona. Camino despacio llegando a la sala tratando de no ser percibido. Es una mujer la que esta gritando y le grita a un hombre que esta esquivando totalmente su mirada. El hombre cabizbajo centra toda su atención hacia el suelo y casi no dice palabras. Ella esta enfadada, se desespera, levanta la voz y gesticula con movimientos amenazantes a ese hombre. Siento que lo va a golpear y me da miedo, me asusto, nunca había visto a esa mujer reaccionar de esa manera agresiva, era la primera vez y también sería la ultima. Intento esconderme, me oculto bajo la mesa, mientra sigo escuchando la discusión, la pelea.... Basta!!... Quiero que se termine... Basta!!!... Me tapo los oídos pero en realidad sigo escuchando todo.
- Mira, estas haciendo que Pablo se asuste - dice mi papa al percatarse de mi presencia.
Cierro los ojos, intentando alejarme, pero sigo escuchando esa pelea, esa maldita pelea.
Abro nuevamente los ojos, son alrededor de 12 años mas tarde, pero el recuerdo sigue aquí, zumbando mi cabeza. Carcomiendo Tristezas. Como un recuerdo, casi un único recuerdo de mi padre. Cuando todavía era mi padre.


Este texto lo escribí cuando tenia 17 años. Era el año 2006 y ese año fue el año que intente restablecer el vinculo con mi padre. Habían pasado muchos años de idas y venidas en las cuales mi padre hacia acto de presencia una vez cada dos o tres meses o seis meses o cada un año. A mi manera de ver eso era una normalidad y nunca me había molestado mientras era niño porque estar con mi papa en ese tiempo no era muy divertido que digamos y con verlo una vez cada muchos meses me parecía que estaba bien. Llegado el 2006 yo me encontraba en mi ultimo año de secundaria y ese año mi padre estuvo más presente que otros años. Tiempo después entendí que la razón era que mi madre había logrado entablar una mejor relación con la pareja de mi papa y hablaba con ella para pedirle que vinieran con mi papa a llevarnos a comer o llevarnos de paseo más seguido a mi hermano y a mi. Entonces por primera vez creció en mi la necesidad de conocer un poco más a mi padre. Puede que haya sido por verlo más seguido pero también porque ese año sucedió un hecho que me cambiaría para siempre. Por primera vez me puse de novio. Después de varios años de una adolescencia siendo un loser total con las minas. Después de mucho sufrir comparándome con los amigos de mi edad que todos ellos se transaban una chica distinta cada semana y yo con suerte ganaba una cada unos cuantos varios meses y que además todos ya habían tenido su primera vez y yo me estaba quedando muy atrás. Después de todo ese drama adolescente al fin conocí a una chica y era la chica más dulce y linda que podía conocer e increíblemente nos enamoramos y nos pusimos a salir. Y es aquí donde sale a flote un problema que yo venia guardando desde hacia tiempo. Y es que yo tenia fimosis. Para los que no saben la fimosis es una condición del pene donde el prepucio no puede ser totalmente retraído sobre el glande. Dicho más vulgarmente la piel tapaba la cabeza siempre. Para mi nunca fue un gran problema, sabía que no era lo normal y tenia que hacerme revisar pero nunca tuve la necesidad de contarlo hasta que me encontré con que estaba por tener mis primeras relaciones sexuales. Ahora ya no me podía escapar porque iba a tener que mostrarle mi pene a alguien más bastante seguido. Sabia que tenia que visitar a un urólogo pero yo no conocía ninguno ni me daba la cara para averiguar donde encontrar uno, obviamente no quería contárselo a nadie yo era muy tímido, pudoroso y me avergonzaba fácilmente, si era posible quería ir al medico solo por mi cuenta. Pero entonces decidí acudir al único hombre que sabia me podía dar información. Decidí contárselo a mi padre. Pensaba que la solución al problema de la fimosis era algo sencillo y creí que contarle este secreto que yo guardaba hace tiempo a mi padre iba a hacer que por fin tuviéramos una conexión y un momento padre e hijo que nunca tuvimos. Le hable por teléfono y sin decirle mucho de lo que me pasaba le pregunte si conocía a un urólogo y si me podía acompañar a uno. Arreglamos encontrarnos en el centro de Morón una tarde y el me iba a llevar a un medico que conocía. De cierta forma además de hacer que me ayude a resolver el "problemita" estaba probandolo para que cumpla su rol de padre pero todas mis expectativas de tener un encuentro padre/hijo los dos solos se fueron al traste cuando lo veo y descubro que en el auto también venia su mujer. Mi nivel de vergüenza crecía cada segundo y siguió subiendo luego de visitar al medico y enterarme que tenia que hacerme una pequeña intervención quirúrgica. El mismo procedimiento que una circuncisión y ahora si, no me podía escapar a que se entere todo el mundo. La vergüenza ya me llegaba a las nubes luego de que mi papa y su mujer tuvieran que ser los que le contaran del tema a mi mama y yo recibir su reproche por no decirle nada. Desde ese momento mi mama se hace cargo de todo y un mes después me hacen la cirugía. Todo sale bien y al siguiente mes comienzo a tener relaciones sexuales con mi novia ya sin ninguna vergüenza de mostrarme como me trajeron al mundo. Pero la experiencia me hizo confirmar tristemente que siempre iba a haber una barrera con mi padre, que nunca íbamos a tener un encuentro a solas y que nunca iba a lograr esa conexión que buscaba con él. La adolescencia llegaba a su ultima etapa y no habría otra oportunidad, el interés en conocer a ese hombre no volvería. Solo quedará por años una larga decepción por darme cuenta que el texto que había escrito unos meses antes seguiría siendo totalmente valido. El único recuerdo de mi padre seguiría siendo aquel de cuando tenia solo cinco años y aunque en el futuro seguiría viéndolo ya nunca más volvería a ver a mi padre.

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