8 de julio de 2009

Descubre a Rafael Barret

Síntesis biográfica

Nació Rafael Barrett el 7 de enero de 1876 en Torrelavega, provincia de Santander. Fueron sus padres la española María del Carmen Alvarez de Toledo y Toraño y el ciudadano inglés George Barrett Clarke. Parece ser que cursó parte de sus estudios en Francia e Inglaterra. En los primeros años del siglo XX está cursando estudios de ingeniería en Madrid.

El joven Rafael Barrett hace su entrada en la vida pública a golpe de escándalo. El 24 de abril de 1902 apalea públicamente al duque de Arión, en plena sesión de gala del circo de Parish. Toda la prensa de la capital se hace eco de la noticia que constituyó un sonado escándalo entre la sociedad madrileña.

Por los mismos periódicos conocemos la historia, que generó una acalorada polémica en la que intervino intensamente, entre otros, el entonces joven periodista radical Ramiro de Maeztu.

Barrett había desafiado a duelo a un abogado de apellido Azopardo que, para evitar el enfrentamieno, convocó a un Tribunal de Honor alegando que Barrett no era “caballero” digno de batirse con él. El Tribunal, presidido por el duque de Arión, hizo oídos a la acusación de pederasta que Azopardo había lanzado contra Barrett y le descalificó. Barrett, indignado, se hizo examinar por médicos de prestigio y, con los resultados en la mano, buscó al duque de Arión produciéndose la citada pública agresión.

El Tribunal nunca restituyó el “honor” de Barrett (no podía hacerlo despúes de la agresión, pues hubiera significado un precedente insoportable) y pocos meses después aparece en varios periódicos madrileños una sorprendente noticia: Rafael Barrett se ha suicidado. Evidentemente la noticia es falsa, pero tiene todo el aspecto de un símbolo: un acta de defunción para consumo interno.

Rechazado y expulsado de la sociedad madrileña, Barrett decide emprender una nueva vida y viaja a América hacia finales de 1902 o principios de 1903. Allí inicia el camino que le llevará a convertirse en un hombre nuevo y allí, en apenas siete años, produce toda su obra.

Se instala en Buenos Aires y se dedica a las matemáticas: comunica a Henri Poincaré una formula por la que el sabio francés le felicitó y, según referencias familiares, funda la Sociedad Matemática Argentina con Julio Rey Pastor. Y comienza a escribir, sus primeros artículos van apareciendo en los diarios El Correo Español, El Tiempo y en las revistas Ideas y Caras y Caretas.

En 1904 viaja a Paraguay como corresponsal de El Tiempo para informar sobre la revolución liberal que en aquel país había estallado. Llega a Villeta, cuartel general de los revolucionarios, y enseguida simpatiza con los jóvenes intelectuales que en su mayor parte se habían sumado a la revolución. Con ellos entra en Asunción, en diciembre de ese mismo año, y allí se queda, trabajando primero como funcionario de correos, luego como agrimensor. Aunque progresivamente va dedicándose más y más al periodismo. En abril de 1906 contrae matrimonio con Francisca López Maiz.

A partir de 1906 sus escritos van adquiriendo un tono cada vez más crítico, más comprometido en la denuncia de las injusticias sociales, hasta identificarse explícitamente con el anarquismo en 1908. Da conferencias para los obreros y crea la revista Germinal, órgano de denuncia y de expresión para las organizaciones gremiales. Su lucha le lleva a ser encarcelado y desterrado, primero al Matto Grosso, luego a Montevideo donde conecta enseguida con la vanguardia intelectual: Rodó, Vaz Ferreira, Zum Felde, etc. La tuberculosis que padecía se le agrava; la enfermedad le obliga a hospitalizarse y, más tarde, a abandonar Montevideo.

Regresa clandestinamente a tierra paraguaya y se instala en la frontera con Misiones hasta que el gobierno de turno le permite regresar a Asunción. En septiembre de 1910 viaja a Francia en un intento desesperado de curar su enfermedad siguiendo los nuevos métodos del doctor Lalesque.

Muere en Arcachon el 10 de diciembre de 1910, a la edad de 34 años.



Precursor

Pero si bien en sus primeros escritos americanos se muestra todavía muy apegado a los temas de España, enseguida recibe y asimila el fuerte impacto de la realidad americana que le seduce y a la vez le subleva; su pensamiento evidencia entre los años 1906 y 1908 la profunda transformación que va desde un individualismo de corte nietzscheano, egotista y competitivo, hasta un altruismo utopista y solidario que le lleva a identificarse con el anarquismo. Rafael Barrett fue, además, en múltiples aspectos un hombre que se adelantó a su tiempo; debido a ello, muchos de sus escritos nos resultan hoy extraordinariamente contemporáneos.

Dice Augusto Roa Bastos que Barrett fue un precursor "no sólo en el sentido del que precede y va delante de sus contemporáneos, sino también del que profesa y enseña ideas y doctrinas que se adelantan a su tiempo" (IX). Y Francisco Pérez Maricevich afirma que "Barrett es uno de los precursores de la literatura social americana” (84).

Y Roa Bastos asegura, además, que “Barrett nos enseñó a escribir a los escritores paraguayos de hoy; nos introdujo vertiginosamente en la luz rasante y al mismo tiempo nebulosa, casi fantasmagórica, de la `realidad que delira´, de sus mitos y contramitos históricos, sociales y culturales” (XXX).

Leer Nota de Francisco Corral

Y quería dejarles una publicación de Barret.
Publicado en "La Rebelión", Asunción, 15 de marzo de 1909.


Mi Anarquismo

Me basta el sentido etimológico: "ausencia de gobierno". Hay que destruir el espíritu de autoridad y el prestigio de las leyes. Eso es todo.

Será la obra del libre examen.

Los ignorantes se figuran que anarquía es desorden y que sin gobierno la sociedad se convertirá siempre en el caos. No conciben otro orden que el orden exteriormente impuesto por el terror de las armas.

Pero si se fijaran en la evolución de la ciencia, por ejemplo, verían de qué modo a medida que disminuía el espíritu de autoridad, se extendieron y afianzaron nuestros conocimientos. Cuando Galileo, dejando caer de lo alto de una torre objetos de diferente densidad, mostró que la velocidad de caída no dependía de sus masas, puesto que llegaban a la vez al suelo, los testigos de tan concluyente experiencia se negaron a aceptarla, porque no estaba de acuerdo con lo que decía Aristóteles. Aristóteles era el gobierno científico; su libro era la ley. Había otros legisladores: San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Anselmo. ¿Y qué ha quedado de su dominación? El recuerdo de un estorbo. Sabemos muy bien que la verdad se funda solamente en los hechos. Ningún sabio, por ilustre que sea, presentará hoy su autoridad como un argumento; ninguno pretenderá imponer sus ideas por el terror. El que descubre se limita a describir su experiencia, para que todos repitan y verifiquen lo que él hizo. ¿Y esto qué es? El libre examen, base de nuestra prosperidad intelectual. La ciencia moderna es grande por ser esencialmente anárquica. ¿Y quién será el loco que la tache de desordenada y caótica?

La prosperidad social exige iguales condiciones.

El anarquismo, tal como lo entiendo, se reduce al libre examen político.

Hace falta curarnos del respeto a la ley. La ley no es respetable. Es el obstáculo a todo progreso real. Es una noción que es preciso abolir.

Las leyes y las constituciones que por la violencia gobiernan a los pueblos son falsas. No son hijas del estudio y del común asenso de los hombres. Son hijas de una minoría bárbara, que se apoderó de la fuerza bruta para satisfacer su codicia y su crueldad.

Tal vez los fenómenos sociales obedezcan a leyes profundas. Nuestra sociología está aún en la infancia, y no las conoce. Es indudable que nos conviene investigarlas, y que si logramos esclarecerlas nos serán inmensamente útiles. Pero aunque las poseyéramos, jamás las erigiríamos en Código ni en sistema de gobierno. ¿Para qué? Si en efecto son leyes naturales, se cumplirán por sí solas, queramos o no. Los astrónomos no ordenan a los astros. Nuestro único papel será el de testigos.

Es evidente que las leyes escritas no se parecen, ni por el forro, a las leyes naturales. ¡Valiente majestad la de esos pergaminos viejos que cualquier revolución quema en la plaza pública aventando las cenizas para siempre! Una ley que necesita del gendarme usurpa el nombre de ley. No es tal ley: es una mentira odiosa.

¡Y qué gendarmes! Para comprender hasta qué punto son nuestras leyes contrarias a la índole de las cosas, al genio de la humanidad, es suficiente contemplar los armamentos colosales, mayores y mayores cada día, la mole de fuerza bruta que los gobiernos amontonan para poder existir, para poder aguantar algunos minutos más el empuje invisible de las almas.

Las nueve décimas partes de la población terrestre, gracias a las leyes escritas, están degeneradas por la miseria. No hay que echar mano de mucha sociología, cuando se piensa en las maravillosas aptitudes asimiladoras y creadoras de los niños de las razas más inferiores, para apreciar la monstruosa locura de ese derroche de energía humana. ¡La ley patea los vientres de las madres!

Estamos dentro de la ley como el pie chino dentro del borceguí, corno el baobab dentro del tiesto japonés. ¡Somos enanos voluntarios!

¡Y se teme el caos si nos desembarazamos del borceguí, si rompemos el tiesto y nos plantamos en plena tierra, con la inmensidad por delante! ¿Qué importan las formas futuras? La realidad las revelará. Estemos ciertos de que serán bellas y nobles, como las del árbol libre.

Que nuestro ideal sea el más alto. No seamos prácticos. No intentemos mejorar la ley, sustituir un borceguí por otro. Cuanto más inaccesible aparezca el ideal, tanto mejor. Las estrellas guían al navegante. Apuntemos enseguida al lejano término. Así señalaremos el camino más corto. Y antes venceremos.

¿Qué hacer? Educarnos y educar. Todo se resume en el libre examen. ¡Que nuestros niños examinen la ley y la desprecien!


Todos sus ensayos en:
http://es.wikisource.org/wiki/Rafael_Barrett




Finalizo con un tema de Eterna Inocencia

2 comentarios:

  1. QUE HISTORIA, PABLO. EL BLOG SIGUE EN FORMA, CON NOVEDADES. FELIZ RECESO. NOS VEMOS. GUSTAVO

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  2. Anónimo6/11/09 5:07

    Excelente comentario y extraordinario escritor. Gracias.

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